Niños rebeldes. ¿Cómo controlarlos cuando ya están creciendo?

A los dos o tres años los niños por naturaleza intentan afirmar sus decisiones respondiendo con un sonoro ‘no’ ante las peticiones de sus padres. Desde de los cuatro hasta los seis años, ellos querrán mandar y se enojarán cuando sus deseos no se cumplan. Incluso durante la adolescencia, los chicos y las chicas, al sentirse confundidos y frustrados en ciertos momentos, canalizarán sus miedos y sus enojos con gritos, chantajes o desaires.

¿Cómo actuar frente a estas situaciones? Primero, no debes olvidar que tus hijos necesitan límites. No se trata de castrar la capacidad de tus hijos para decidir, sino de que comprendan el respeto a los demás, el orden de las cosas en la sociedad y, por supuesto, que ellos no están solos en el mundo.

No reacciones con gritos o intentes avergonzar a tu hijo cuando se muestre agresivo, esto solo avivará su ira y el problema crecerá como una bola de nieve. Aunque muchísimos adultos cuenten pintorescas anécdotas de cómo sus progenitores los corregían, procura en cuanto sea manejable para ti no enojarte. Tu hijo solo quiere atención y que entiendas su punto de vista, aunque no esté actuando de la manera adecuada.

Cuando estén a solas conversa con él o ella; si se trata de un momento crítico, como la separación de sus padres, la muerte de alguien, la pelea con alguno de sus hermanos o el cambio a una nueva escuela, haz que entienda la magnitud del asunto: cuéntale que tú también te sientes afectada, pero que vas a estar a su lado y que no tiene que hacer ninguna rabieta para que le prestes atención porque tú lo quieres mucho.

Cuando tu hijo o hija comience a renegar, dile con humor que no necesita armar espectáculos para que sea escuchado. Si está enfadado de verdad, ignora su berrinche un rato y déjalo solo con alguna frase como ‘hablaremos cuando estés más tranquilo’.

Cuando hayas tomado una decisión, no des tu brazo a torcer. Y no olvides predicar con el ejemplo: si tu hijo te escucha responderle mal a otras personas no podrás corregirlo después. Además, elogia sus buenas conductas, especialmente cuando actúe con la madurez que le corresponde a su edad ante situaciones difíciles.

 

Fuente: Con Mis Hijos 

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